Tomo la Gioconda de Da Vinci, la retoco, quizás más rubia o quizás más esbelta. Cambio el fondo y voilà, tengo un cuadro nuevo. Ahora solo queda venderlo. Pero, y si al genio florentino no le gustase la idea? A Instagram parece que tampoco

La compañía de San Francisco, donde nació del vientre compartido de Kevin Systrom y Mike Krieger, se ha levantado en armas y ha lanzado una ofensiva que afecta a numerosas aplicaciones. El fin, acabar con todos aquellos programas que usen en su marca “insta” y “gram“.

Con el siguiente comunicado se dirigió la empresa al resto de los usuarios:

“Agradecemos su interés en el desarrollo de productos que ayudan a las personas a compartir con Instagram. Si bien alentamos a los desarrolladores a construir aplicaciones muy buenas con Instagram, no podemos permitir que se parezcan a las aplicaciones oficiales o patrocinadas por nosotros”

Programas como Luxogram, Statigram, Webstagram, Gramfeed, Instadrop, Instagallery,…ya han recibido notificaciones de Instagram alentándoles para que cambien sus nombres.

Son las guerras de las marcas, la candidez de unas letras que pretenden elevar al cielo el nombre de una aplicación, prohibiendo el uso de parte de su nombre, dejando entrever su propia incoherencia y su propia amnesia.

Instagram, la gran protagonista de esta historia, la censora virtual, la Gioconda de las aplicaciones de subidas de fotografía, olvida su propia etimología. Aquella en que allá en los tiempos, en su creación virgen y original, dio luz y nombre a su aplicación en homenaje a otra marca, concretamente Kodak, y ahondando más en la concreción, su modelo Instamatic.

Incongruentes decisiones de Instagram, a la que solo un zarpazo de Kodak podría despertar de este velo de altivez.

Antecedente conflictivo de Instagram

No es la primera vez que la empresa de Systrom y Krieger genera polémica. Las políticas de privacidad y términos de uso (ese cúmulo de letras que las compañías se empeñan en escribir a sabiendas que no vamos a leer) han quedado varias veces en entredicho.

La más problemática, a principios de este mismo año. Instagram comunicó que vendería las fotos, gustos, datos o “cualquier cosa que hagamos” para contenidos de pago esponsorizados, sin que recibamos, claro está, ningún tipo de compensación por ello.

Fue Facebook, gran conocida también por sus criterios de privacidad, quien siendo propietaria de Instagram, quiso sacar beneficio económico tras su inversión.

Así pues, recuerda, esta mona vestida de seda, por muchos filtros que le pongamos, mona se queda.

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